viernes, 9 de abril de 2021

CASI MAMÁ.



A Casi Mamá la llamaron hace pocas semanas para vincularse con dos pekes de 8 y 5 años. Casi Mamá está ansiosa y temerosa. Podré con dos? Podré con la escuela? Llegaré con la plata? Mi casa aún necesita arreglos… y si no les
gusta? No tengo chupete electrónico, querrán igual vivir aquí?

A Casi Mamá le advierten que un peke es sumamente introvertido, que práctimamente no se comunica con nadie en el hogar, que le va mal en la escuela. Casi Mamá duda apenas unos segundos, si ella podrá con eso.

Se conocen en una plaza, acompañados por las operadoras del equipo del hogar. El primer momento es un saludo de coditos, de puñitos, ahora puño-codo-puño… ahora codo-codo-puño-codo-puño. Cuando me cuenta esta primer escena dice: -y mis pekes se reían mucho con ese saludito!!!

Se hamacan, les pide que los hamaque… Hacen un pic-nic en el pasto, sobre una manta. El peke introvertido inunda la plaza de palabras, de preguntas, de anhelos.

Otra salida similar y luego pasar semana santa en la futura casa de la futura familia.

Casi Mamá intenta tapar manchas de humedad vieja con cuadros infantiles. Distintos vestigios de arreglos recientes, con telas de colores, como telones de un teatro. Pone lucecitas del arbolito de Navidad, en las paredes de la pieza de ellos.

Les pregunta su color favorito para pintar pronto la pieza y él, no sabe cuál es color favorito. Su comida preferida… y él no sabe o no tiene comida preferida. _Tranqui, ya lo vamos a ir descubriendo. No hay apuro_. Y yo pienso, cuando se tiene distorsionada la propia identidad: se puede saber cuáles son las preferencias de uno?

Con mucha ansiedad entran a la casa, y en un ratito nomás, se la apropian. Ahí juegan, comen, se bañan, se enojan, se ríen, duermen… un lugar, su lugar, su familia.

Pasados los cuatro días vuelven al hogar, con bastante angustia porque ya querían quedarse. Entran y el niño introvertido, por primera vez en más de un año de vivir ahí, saluda a las operadoras dándoles un beso.

Luego, durante la entrevista con las operadoras, y varias veces con las cuidadoras, cuenta y re cuenta el mismo detalle varias veces: _Tengo unas sábanas hermosas, son muy suaves y tiene muchas rayas. Y mi acolchado tiene flores muy lindas_.

Es que ella, de CASI, ya no tiene nada.

sábado, 2 de enero de 2021

El mundo será un lugar feliz, el día que no haya ni un solo niño en situación de adoptabilidad.


 

 

VACACIONES en mayúscula. 34 grados. Están jugando en la pileta. El señor enojo pierde en Marco Polo, le pega a sus hermanas y sale. Se viste y da vueltas alrededor de la mesa.

Le digo que yo estoy cambiando los muebles de mi pieza de lugar, qué pensaba hacer él hasta que baje el sol. Seguir dando vueltas alrededor de la mesa. Me parece perfecto, hijito. Me retiro.

Ayer hicimos la primer fogata del año. “Toda mi vida soñé con hacer fogones. Siento que todos mis sueños se están haciendo realidad”- dijo ella. Alrededor del fuego pensamos qué cosas nos gustaría que cambien en este nuevo año: que no muera más gente y que todo esto se arregle pronto. Que se termine la cuarentena y podamos ver a la gente que queremos. Y ahora, algo que querramos cambiar de nosotros mismos: no gritar fuerte cuando me enojo, no lastimar a nadie más, no pegarle a mis hermanos, terminar de convencerme de que antes no vivía tan bien como pensaba.

Los padres adoptivos, más que nadie, rechazamos esa frase que nos suelen decir: “qué buena suerte tuvieron estos niños…”. Básicamente la rechazamos porque son niños que si algo en su vida les faltó, fue la buena suerte. Insisto: cuando sos niño y de golpe perdés a tus padres, tu casa, tus costumbres, tus lugares, tus aromas y sabores cotidianos, nada de lo que venga después es buena suerte.

Para qué traen hijos al mundo si después no se hacen cargo? Esta frase la escucho tanto, tanto! Y por estos días, en que se terminó de debatir en el Congreso la Ley de legalización del aborto en Argentina, retumba más. Mi niña es una mujer de 11 años. Intento por todos los medios que sea una niña, y lo es, y lo sabe. Pero ahora se asoma al mundo adulto desde otro lado.  Me pregunta qué es el aborto. Le contesto como puedo, tratando de ponerlo afuera de su historia, y de la mía.

Hace algunas noches, en su insomnio triste, solita se preguntó: Para qué traen hijos al mundo si después no se hacen cargo? Y un rato después: -qué suerte tuvimos nosotros, mami! No creo que nadie pudiera entender tanto a mi hermano como vos!-.

Y sí hay, y ella conoce unas cuantas familias que atraviesan las mismas situaciones que nosotros. Son familias, como yo, no más buenas que otras, no enviadas por los ángeles, no personas especiales de la humanidad: son-somos- familias que tenemos en común una ideología que nos hizo ser familias por adopción. Son-somos- adultos que nos preparamos mucho (y seguimos haciéndolo) para entender los sentimientos y las actitudes de nuestros niños. También fallamos en algunos puntos, como todos. Quizás lo nuestro fue gestar una familia sabiendo que conviviríamos con el dolor y el conflicto, no siempre, y no exclusivamente, pero sí por mucho tiempo.

Mi niño terrible me dijo hace poco, “ya antes decepcioné a todos”. Si los adultos estamos en el lugar y en la situación que elegimos y podemos decidir cuándo retirarnos, son los adultos los que se decepcionaron solos. Los niños no eligen sus primeros pasos en la vida, ni siquiera eligen con quién relacionarse ni bajo qué reglas.

Hoy este lugar, esta gente y estas reglas, les gustan y, por lo que se ve, están felices.

Me asomo a la cocina porque no estoy sintiendo los pasos constantes. Se puso la malla de nuevo, tiene la toalla en la mano, me sonríe: VUELVO A LA PILETA MAMI. TE AMO.

 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Todo el mundo sufre a veces…


Este brindis va por los que tenemos,
brindemos también porque ojalá estuvieras aquí.
Los brindis traen de vuelta todos los recuerdos,
recuerdos de todo por lo que hemos pasado.
Un brindis por los que estamos hoy aquí,
y el mismo brindis por los que perdimos por el camino.
Los brindis traen de vuelta todos los recuerdos,
y los recuerdos nos traen de vuelta,
y los recuerdos te traen de vuelta a mí.

Todo el mundo sufre a veces,
todo el mundo sufre a veces.
Pero todo va a salir bien,
adelante, alza un vaso y di:

Este brindis va por los que tenemos…

Maroon 5 Memories

Dos años ya de aquel gran viaje hacia una vida distinta. Distinta para ellos y distinta para mí.

Este aniversario nos encuentra encerrados pero ya no tanto, agotados de nosotros mismos pero  amándonos cada vez más.

Recordamos juntos esos últimos días de nuestra vida anterior. Mis preparativos, sus preparativos. Nos reímos y lloramos al mismo tiempo, son instantes.

Este aniversario lo vamos a festejar pintando la puerta de entrada a casa… El portón negro se convierte ahora en un portón de colores brillantes y formas propias. Una entrada única, como cada uno de nosotros: los que tenemos. Pero traspasando la puerta de  entrada, cada noche, vuelven a aparecer los que perdimos en el camino…

Dos años conmigo, pero sin “los otros”. Y la ausencia de los otros duele… tanto, tanto, tanto como dolía tenerlos.

Hoy el brindis es distinto. No brindamos sólo por nuestra felicidad, también brindamos con la esperanza de que estén bien los que ya no están.

Y duele…tanto, tanto, tanto como siempre dolió… y dolerá.

 

 

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

La identidad es un derecho irrenunciable.

 

En la noche del día de la identidad, nos fuimos a dormir pero una hora después hubo uno de esos sobresaltos que duelen en el alma.

“Unas personas malas” nos separaban, le disparaban a mamá y nos llevaban a cada uno a una familia distinta. Pipo y Reina (nuestros perritos) mordían a esas personas pero les disparaban. Estábamos muy tristes porque nos llevaban a vivir a otro lugar y nos cambiaban el nombre a todos.

Para la mayoría conocer-se es fácil y agradable, otros deben trabajar mucho para recoger los pedazos y volver a armarse.

Y están los que no pueden saber quiénes son.

La identidad es un derecho irrenunciable.

Aún muchos argentinos necesitan conocer su historia desde la verdad.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Chulito, Flor de la Selva y Corazón Rosado.


Cuando alquilé el departamento para transitar nuestro primer espacio de convivencia, llevé 3 peluches, uno para cada peke. Se los presenté como sus compañeros para dormir.

Siguiendo mis medidas indicaciones, cada noche que dormimos ahí, se aferraban a sus muñecos.

Al venir a pasar su primer fin de semana a NUESTRA casa, trajeron a sus muñecos abrazados en el auto durante casi todas las horas de viaje (6 o 7 horas fueron). Y así volvieron a su ciudad.

El día que egresaron del hogar la mudanza del departamento ya la había hecho unos días antes, así que cuando entraron y fueron a sus piezas, se encontraron a sus compañeros de viaje esperándolos a cada uno es su cama.

Ellos no pueden dormir separados. Ya me resigné a que las nenas duerman en una habitación y el varón en otra. Lo intenté de mil maneras, y en todas esas ocasiones, el varón llevaba a su muñeco a su nueva pieza y dormía aferrado a él-las pocas horas que lograba conciliar el sueño-.

Hace 7 meses que estamos encerrados en casa los tres están emocionalmente tan bien! Tan relajados! Se pelean una vez cada dos o tres días, lo que ya me está pareciendo “poco normal” tratándose de 3 niños de edades tan seguidas, hermanos, sin escuela, sin paseos…

Sin embargo vienen cada tanto pequeñas crisis, miedos, tristezas, recuerdos, rencores, aburrimientos, resignaciones. Y hace pocos días me di cuenta que los tres, ante estas situaciones, están aferrados a sus muñecos. Como lo llamó él, hace un tiempo, ”mi compañero en los cambios”.

Tenemos a Corazón Rosado en el médico porque se le salió la nariz, pero ella, que siente y comprueba que su cuerpo está cambiando, que se pinta los ojos, que quiere tener las uñas largas, que prueba diferentes peinados para ver con cuál  “parece más grande”… reclama igual su muñeco para dormir.

Cuántas cosas vistas con miradas de adulto no tienen la explicación lógica que esperamos … sólo hay que poder agacharse un poco para verlo tan claramente!

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Todo es para siempre.


 

Una tarde, durante la vinculación, estábamos los cuatro charlando y uno le dijo al otro: qué largas tenés las uñas!!! Y se empezaron a mirar las uñas y a mirármelas a mí. Cuando les pregunté quién les cortaba las uñas, las respuestas fueron:

_Yo me las corto sola_.

_A mí me las corta ella (su hermana de 8)_.

_Yo me las como_.

Seguimos charlando más o menos de lo mismo y les explico que cuando vivieran conmigo yo se las iba a cortar y que, además, les iba a enseñar a cortárselas. Ahí me tomó la mano, me la apretó fuerte y me dijo: _Gracias, Ana! Gracias por todo, pero por todo!_.

Pasaron casi dos años desde esa tarde.

Hoy salí a hacer trámites y prometí volver con las uñas de colores para las nenas, que querían desde el día del niño. Y no sabía qué comprarle a él, que dicho sea de paso, también se pone a veces uñas postizas para jugar. Y aquí está: un alicate con una carita feliz, sólo para él.

En medio de este encierro, con la total paz y alegría que se respira en esta casa las 24horas, apareció un sueño muy feo, desesperante, con gritos, llantos… NO NOS SEPAREN, POR FAVOR, NO NOS SEPAREN!!!!

Ya tranquilos todos-yo también- hablamos. Estamos todos convencidos de que ya nadie nos puede separar, pero de todas maneras, el miedo vuelve.

“La jueza decía que vos no podías ser nuestra mamá porque una mujer sola con tres nenes no puede, tiene que haber un papá. Venía la jueza con la policía, vos te quedabas sola y a nosotros nos llevaban a cada uno a un hogar distinto”. Intentando derribar eso les digo que la jueza me eligió sabiendo que no iban a tener papá, ahora no podría ser esa una razón para separarnos.

“_Es que vos estás haciendo las cosas mal, mamá. Nos dejás jugar con la tablet, nos das comidas ricas, ropa y hasta una cama. Además ella se enteraba que hacía meses no nos mandabas a la escuela_.”

Y aquí estoy yo contenta,  los veo crecer para arriba y por adentro. Viviendo una etapa en la que todos recordaremos con tristeza por todo lo que perdimos o, al menos suspendimos por un tiempo indeterminado. Pero sigo pensando que nuestros chicos siguen sintiendo que no son merecedores de sus derechos… si “hasta una cama” tienen.

A los pocos días de conocerlos, la chiquita me dijo que se imaginaba su casa con una cama muy grande donde entremos todos juntos, con almohadas cómodas y frazadas calentitas. Casualmente por estos días prefirieron juntar dos colchones en el piso y dormir los tres ahí. Juntos, abrazados, calentitos y sobre todo seguros. Seguros ante esta noche que no parece terminar más.

Parece un torbellino de pensamientos entre fantásticos y reales, se enoja y disfruta al mismo tiempo, pasa del llanto a la risa en cuestión de segundos… así. Así agradece el “todo”, y así también teme que todo…sea demasiado.

jueves, 14 de mayo de 2020

¿Cómo es crecer?


Pandemia. Tiempo de estar solos. Tiempo de estar juntos, andando.
Aunque no caminemos hacia ningún lado, y quizás por eso, estamos dando vueltas y vueltas todo el tiempo sobre nuestras huellas.
Las mías caminando sola en una gran casa. Las de ellos…quién sabe. O sí, sólo ellos las conocen.
Afloran los recuerdos cada vez más nítidos. Primero en uno y los otros dos reconocen ese recuerdo, le agregan más datos, más anécdotas, más personas, más pasado. Y yo, tratando de entenderlo, de sentirlo, queriendo ser parte de ese pasado, aunque más no sea, con sus relatos.
Algunas veces me llega a mí la nostalgia de esa vida tan rica en lo social que ahora ya no tengo. Otras, la de aquella soledad que tanto bien me hacía.
Algunas veces les llega a ellos la nostalgia de esa vida tan rica en lo social que ahora también lo es, pero está suspendida. Otras, la de aquella soledad que aunque no era tal, tanto mal les hacía.
Y así estamos, andando, creciendo.
Hoy la pequeña le preguntó a la mayor: _Cómo es crecer ? _.
Y sólo quien lo está transitando, quien lo está festejando y al mismo tiempo padeciendo, quien está viendo cómo sus hermanitos están cada vez más lejos de sus juegos, de sus distracciones, de sus intereses, puede contestar ese gran interrogante: _ Es querer hacer cada vez más cosas sola_.
Así está y así estamos: cada día más cerca alejándonos, pisando nuestras propias huellas para encontrarnos una vez más.
Y así estoy yo, volviendo a ser quien era, y no.