jueves, 14 de mayo de 2020

¿Cómo es crecer?


Pandemia. Tiempo de estar solos. Tiempo de estar juntos, andando.
Aunque no caminemos hacia ningún lado, y quizás por eso, estamos dando vueltas y vueltas todo el tiempo sobre nuestras huellas.
Las mías caminando sola en una gran casa. Las de ellos…quién sabe. O sí, sólo ellos las conocen.
Afloran los recuerdos cada vez más nítidos. Primero en uno y los otros dos reconocen ese recuerdo, le agregan más datos, más anécdotas, más personas, más pasado. Y yo, tratando de entenderlo, de sentirlo, queriendo ser parte de ese pasado, aunque más no sea, con sus relatos.
Algunas veces me llega a mí la nostalgia de esa vida tan rica en lo social que ahora ya no tengo. Otras, la de aquella soledad que tanto bien me hacía.
Algunas veces les llega a ellos la nostalgia de esa vida tan rica en lo social que ahora también lo es, pero está suspendida. Otras, la de aquella soledad que aunque no era tal, tanto mal les hacía.
Y así estamos, andando, creciendo.
Hoy la pequeña le preguntó a la mayor: _Cómo es crecer ? _.
Y sólo quien lo está transitando, quien lo está festejando y al mismo tiempo padeciendo, quien está viendo cómo sus hermanitos están cada vez más lejos de sus juegos, de sus distracciones, de sus intereses, puede contestar ese gran interrogante: _ Es querer hacer cada vez más cosas sola_.
Así está y así estamos: cada día más cerca alejándonos, pisando nuestras propias huellas para encontrarnos una vez más.
Y así estoy yo, volviendo a ser quien era, y no.

viernes, 27 de marzo de 2020

Si nos queremos, nos extrañamos.


Cuarentena día diez? Cien? Mil?
Parentescos. Tema difícil. Hace 1 y casi 4 meses que vivimos juntos y aún no pueden establecer la relación entre mi mamá, mi papá, mi hermana, mi sobrina y yo. Mucho menos la relación de cada uno con ellos. Que la abuela es la abuela lo tienen claro, y hasta ahí llegamos. Que mi papá vendría a ser su abuelo ya es complicado. Pero lo más difícil de entender es que mi hermana no esté, que la abuela haya perdido a su hija, eso no les entra en su cabeza ni en su corazón.
Renuncié, por ahora, a seguir explicándoles quiénes son mis primas, y sus hijos, y sus nietos. A algunos de ellos los vieron una sola vez y todos juntos (primas-hijas-nietos).
Y cómo entenderlo?
Sus padres biológicos no tenían familia extendida. Algunos amigos eran sus tíos y sus hijos, obviamente, sus primos. A otros designaron padrinos y madrinas y ellos deducen que sus hijos eran también sus primos.
Y cómo entenderlo?
Bajé los seis o siete álbums de fotos familiares…. Con algunas de las fotos les contaba anécdotas. Pues bien, fueron para ellos lo que para mí fueron las clases de física en la secundaria, jamás entendí de qué se trataban.
La peke es la que más siente estos días de encierro. Llora religiosamente todos los días por motivos diversos. “quiero que todo vuelva a ser como antes”, dijo un día en medio de una rabieta porque extrañaba la ubicación de los muebles de la pieza. Y ese “antes” no fue “su infancia”(como ella llama a los años vividos con su familia biológica), el antes fue hace 15 días, cuando íbamos a la escuela.
Entre tantas angustias ayer me pidió dormir conmigo. Dormimos abrazadas, cantando la Canción para bañar la luna. A eso de las 6 de la mañana, yo ya estaba despierta desayunando en la cocina y aparece llorando: “la pieza de ellos estaba llena de ranas y serpientes”. Cuando se calmó le dije: Andá a dormir que es muy temprano_. Caminó dos pasos como para volver a mi cama grande, lo pensó mejor y cambió el rumbo: fue a dormir a esa pieza, que en sus sueños era peligrosa pero que despierta, no cabe duda, es lo más reconfortante que existe en el mundo, en este mundo tan injusto y peligroso en donde los besos y los abrazos hoy son un riesgo mortal. Porque ni la peste más peligrosa que exista podrá jamás dar miedo, ante la  seguridad de la hermandad.

domingo, 16 de febrero de 2020

La mamá verdadera.


Voy a escribir lo que yo pienso y siento y eso depende de mí, de mi historia y de la historia de mis pekes, y eso sólo lo sé y lo siento yo y mis pekes.
Pienso que…
El término MAMÁ viene de AMAMANTAR.
Yo no les dí de mamar a estos tres niños. Ellos tienen una mamá y vivieron sus primeros 6,4 y 3 años de vida con ella, pegaditos como los canguros. Ellos son niños muy inteligentes y muy memoriosos. Conocieron, vivieron y recuerdan mucho a su mamá. Varias veces los escuché decir: “así me lo enseñó mamá”, “tengo el color de piel de mi mamá”, “como me daba de comer mi mamá”.
A horas de llegar de nuestras primeras vacaciones de verano,lo que más les gustó después de una semana de muchos estímulos fue VOLVER A VER EL MAR.
Hace poco alguien publicó una foto con su hija adoptiva cumpliendo 16 años y junto a ellas, el regalo de cumpleaños: la mamá biológica.
Si bien desde el inicio de nuestra vinculación la más pequeña, por ese entonces 5 años, nos designó “la mamá de antes” y “la mamá de ahora”, a veces se refieren a ella como “la mamá verdadera”y yo les pregunto quién es la mamá falsa, fruncen el ceño y ahí queda picando la pelota hasta que afirmo "la mamá de antes". La mamá a la que extrañan. La mayor (hoy 10 años) tiene la inquietud de saber si ella estará bien, si habrá podido resolver sus problemas.
En varias oportunidades me han preguntado si esto me replantea mi rol de madre, si me lo hace cuestionar, si me duele… y lo contesto ahora: NO.
Cuando decidí formar una familia por medio de la adopción, (y si hubieran sido hijos biológicos), no lo hice pensando en una posesión. Lo repito una vez más: la única posesión que quise para mi vida era MI casa.
Mis hijos no son mis posesiones, son personitas que necesitaban una familia justamente porque eran personitas, niños que no pueden crecer sin un adulto. Yo era una persona adulta que DESEABA (no que necesitaba) formar una familia.
Que legalmente se nos designe como MADRE, pienso que es otro tema.  Los amo, sí, y mucho…. Tanto que ni yo sabía que podía amar tanto. Me aman, sí y mucho…. Tanto que ni ellos sabían que podían amar tanto a alguien, además de a su mamá.
La diferencia entre ella y yo, es que ella NO PUDO seguir maternando. Y no me voy a explayar en esto porque quien no quiere (o no puede) entender que hay gente que no tiene las mismas oportunidades que otras, no lo va a entender.
Todos tenemos falencias y debilidades. Algunos tienen herramientas para resolver qué hacer y otros no y eso depende de las oportunidades que se hayan tenido.
Yo soy la mamá de ahora, la que los ama, la que los educa, la que les está marcando el camino como quiere, tratando de que sean lo más autónomos posibles para cortar la carne con cuchillo y tenedor, y para decidir dónde, cómo y con quién quieren vivir su adultez.
Y mientras tanto sueño, deseo y ya me emociono, pensando en el día en que nos toque a nosotros sacarnos ESA foto.

jueves, 6 de febrero de 2020

El umbral de dolor.


La más chiquita suele encontrarse moretones y chichones y no recuerda bien cuándo ni cómo se golpeó. Se parece a mí que me esguincé varias veces un tobillo y hasta llegué a desgarrarme un hombro sin saber cómo. La más grande me hizo temblar una mañana con un dolor de panza que me hizo pensar en una peritonitis fulminante cuando sólo era un gasesito atravesado. Una tarde, en la escuela se golpeó el pie y su llanto me hizo empezar a accionar el celular para ubicar a los dos chiquitos mientras corriéramos al hospital porque como mínimo, tenía fractura. Tres mimos después estaba caminando como si nada hubiera pasado.
Mis tres pekes vinieron del hogar con unas cuantas ropitas. Aquí recibieron bastante ropa de gente amiga, más las que le regalaban en los cumpleaños. Las familias voluntarias, luego de su egreso y en nuestros viajes a su ciudad por temas administrativos, les compraron ropa también. En definitiva, los roperos de mis pekes explotan.
Las nenas quieren vestirse iguales…. “queremos que se vea que somos hermanas”… (como si no se viera en sus rostros!!! –son idénticas-). El varón no acepta bajo ningún punto de vista, usar remera sin mangas. Pero los tres siempre tuvieron preferencia por “la ropa de antes”. Esa es la ropa que traían del hogar, pero también la ropa que les regalaron las personas de su ciudad después del egreso.
Mis pekes son muy pequeñitos y delgados. La más chiquita es un poco más chica que la talla de su edad.
Hace un año y dos meses que están aquí…. Y en un año y dos meses vienen creciendo bien, según la pediatra. Los dos mayores aumentaron un número más de calzado y la más chiquita cambió un talle en este año (y no de toda la ropa).
La ropa y juguetes que no usan, las regalamos a distintos hogares y merenderos.
La remera de plantas vs zombies se la compré a mi hombrecito cuando estaban por venir a vivir aquí. La de los superhéroes, cuando fuimos a ver bailar a sus hermanas al teatro, aún en la etapa de vinculación. La rayada del capitán América la trajo del hogar. Las lavé y las planché con mucho más amor que de costumbre.
Cuando digo: _vamos a ponerla con la ropa para regalar al hogar_ frunce el ceño. Justo él, que en palabras dice que no quiere nada que le recuerde al “antes”.
Y aquí estamos…. Creciendo, entendiendo, presintiendo el futuro, recordando el pasado y, en parte, también añorándolo.
Y aquí estoy yo, lagrimeando con unas remeritas en la mano. Unas remeritas que, de golpe, me hicieron bajar unos cuantos escalones mi umbral de dolor.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Pequeño gigante.


Cuando estaba aún en la etapa de entrevistas en el hogar que estaban mis pekes, la vida me puso en contacto con una mujer que, junto a su marido, se terminaban de inscribir en el registro de adopción. Los llamaron al mes por un peke de 3 años. Qué rápido verdad?
Ellos querían ser padres, ellos querían formar una familia y eligieron el camino de la adopción. Ellos no querían compañía, ellos no querían asegurarse de que alguien los sostuviese en su vejez, ellos no querían no quedarse solos. Ellos querían amar a un hijo.
Les explicaron en el juzgado las características del niño e hicieron muy poco caso a lo escuchado.
Al conocer a Erik se enamoraron.
Erik , con sus 3 añitos a cuestas vividos entre hospitales y hogares, estaba acurrucadito en una silla, con la mirada perdida, una expresión facial mezcla de enojo y tristeza.
Más allá de todos sus diagnósticos que van desde deficiencias renales y cardíacas, hasta una baja visión al borde de la ceguera, Erik apenas se comunicaba con gestos y golpes.
No sabía comer, usaba pañales, caminaba con dificultad, no coordinaba los movimientos más elementales para desplazarse… pero no entendía qué quería decir MAMÁ. Cuando pudo balbucear esas dos sílabas, le decía MAMÁ a toda la gente que le hablaba.
Nunca había salido a la calle, así que los paseos eran un peligro: quería tocarlo todo, desde las baldosas hasta los autos. Era intrépido para explorar pero al mismo tiempo temeroso de los ruidos más cotidianos.
La obra social que le corresponde, aún hoy a casi un año, pone trabas para su incorporación.
Mamá y Papá (con mayúsculas), ella peluquera y él chofer de remis, hicieron lo imposible para que Erik sea atendido en el mejor Hospital Público (también, con mayúsculas) de la Argentina.
Erik es atendido allí en casi todas las especialidades que requiere. Ya ha pasado por cirugías y todo tipo de tratamientos.
A diario intercambio ideas, opiniones y consejos con otras recientes mamás por adopción acerca de los límites con la comida, con los juegos, con los horarios, etc y nos damos cuenta entre nosotras todo lo que “no sabían” nuestros pekes acerca de estas cosas. No “sabían” sentarse a la mesa en familia y conversar, algunos no “sabían” usar los cubiertos. Muchos “no sabían” dormir en una habitación de una casa…
Pues Erik no sabía LLORAR.
A pesar de  todos los dolores que sus patologías conllevan, a pesar de  todos los golpes que él mismo se daba en medio de sus enojos… el llanto nunca fue para él un modo de descarga.
La ley otorga 6 meses de guarda preadoptiva basándose en que es ese el tiempo en que los miembros de una familia ya pueden estar en condiciones de decidir si los vínculos funcionan o no.
Como si Erik conociera la ley, cuando cumplieron los 6 meses de convivencia aprendió a llorar.
No voy a escribir aquí los progresos que tuvo hasta el día de hoy, son demasiados y muy específicos y creo que no los recuerdo. Sólo quiero contar que lo ví tocando un redoblante con los dos palitos, que está aprendiendo hablar y dejando los pañales. Que sus anteojos le siguen mostrando un mundo que jamás hubiera imaginado. Pero entre los cambios que más me llamaron la atención están, por supuesto, su sonrisa, su mirada pícara cuando balbucea alguna mala palabra de esas fáciles, y su postura: erguido, con la cabeza en alto, correteando seguro y firme hacia adelante, llevando su mochila con rueditas, alegre, rumbo al jardín de infantes. Y al lado, siempre muy cerquita, ellos: SU FAMILIA.
Nota final: en unos meses concluye el juicio de adopción, y se vuelven a inscribir.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Buena noche Nochebuena....


Con una redecilla para tapar las  frutas, la peke inventó una historia larguísima, llena de personajes, conflictos, resoluciones y algún que otro gags cómico, mientras esperaban que se termine de hacer la cena de Nochebuena.
El calor nos mantuvo juntos en el ambiente que hay aire acondicionado. Estábamos con la abuela y la prima. Todos muy divertidos.
Cuando cenábamos aparecieron los monstruos mutantes: todos, absolutamente todos, tenían genes de animales de tierra con otros con genes de animales de mar (no simplemente acuáticos: acuáticos de mar). Como aún la fantasía y la realidad están un poco confusas, se sugirió idear una película que más adelante creará la prima, financiada por la madre y la abuela jubiladas. Con el dinero ganado en esa película ya podrá comprarse la play station.
La cena fue con un mínimo grado de ansiedad por parte de la mayor que ya conoce todos los trucos navideños, pero intentaba adivinarlos.
Esta navidad papá Noel trajo exactamente lo que querían, no porque haya leído bien las cartas, de hecho, no escribieron carta, esperaron a que papá Noel los sorprendiese. Tampoco por haberse portado bien todo el año, ni el último mes, acá sabemos que las cuestiones mágicas, y sobre todo si tienen alguna relación con Dios, no toman represalias con los niños.
Esta vez papá Noel ya los conocía mejor y sabía exactamente qué le gustaba a cada uno. Tuvo cierta duda con el regalo final: un dije con una corazón para cada uno de los chicos y los grandes. La duda era si el varón lo iba a aceptar porque, aparentemente, los collares son cosa de mujeres. Pidió que le saquen una foto con el collar y se las mande a todos sus conocidos, dijo que nunca en la vida se lo iba a sacar.
Es que aún no tenemos todos el mismo apellido pero compartimos el mismo corazón.
Los miro y no lo creo. Varias veces me pasa que me pregunto si de verdad todo esto está pasando.
No hubo ni una sola mención a su ciudad natal ni a su pasado ni a la gente.
Se los ve tan bien, tan felices, tan fuertes, tan seguros!!!! Y recuerdo en la segunda evaluación que me hicieron  cuando me llamaron para decirme que no vaya, que no era conveniente ni siquiera empezar la vinculación porque los chicos no iban a querer mudarse tan lejos, porque habían establecido vínculos muy fuertes en sus años de institucionalización, porque necesitaban una figura paterna y porque  el tratamiento psicológico que estaba haciendo uno de ellos no podía cortarse y empezar de nuevo con otro profesional. Y aquí estamos, jugando y pienso… en cuántas otras cuestiones pudo haberse cambiado la vida de otras personas que no dejan de extrañar.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Un año de pie.


Por supuesto que no son todas rosas, por supuesto que tenemos días no tan felices.
Hoy cumplimos un año de vivir juntos, y debo confesar que hubo días muy tristes para mí en este año: dos. Hubo dos días muy tristes, en los que pensé-hasta acá llegué-. El último fue hace unas semanas y la tristeza me duró casi tres días seguidos.
También tuvimos días de mucha nostalgia que llevaron a descubrimientos de mi parte, de cosas que no sabía de ellos. Lo más triste es tener que terminar esas largas y tristes charlas con la conclusión de que “es lo que nos tocó, y así como nos tocó esto, nos tocaron otras cosas hermosas que otras familias no viven jamás”.
Sigo leyendo mucho, sigo intentando entender, y casi siempre lo logro. Y lo que entiendo es que lo que vivimos acá es lo que viven la mayoría de las familias por adopción. Quizás nos toque algo un poco más difícil: deconstruir (el editor me marca error, aún es una palabra poco conocida) modelos de acción. Un ovillo tan difícil de desenredar!
Por estos días una conocida está en vinculación con una pequeña, la mayor de 5 hermanos, que fueron separados para ser adoptados. Los dos más pequeños ya conviven con su nueva familia, los dos siguientes están casi finalizando la vinculación con otra familia y, ella, la mayor, recién empieza. Está deseosa de tener una familia, contenta con su nueva mamá…. Pero extraña a sus hermanitos. Y pienso en mis pekes y no los imagino separados, si ni siquiera aún pueden separarse de habitación! Cuando alguno se va a un cumpleaños o a la casa de un amigo, los otros dos lo extrañan, a veces, hasta las lágrimas. Y cuando se reencuentran, después de tres o cuatro horas de no estar juntos, se abrazan, se besan y juegan hasta agotarse.
Hace unos días leimos un cuento de la “tía abuela postiza” y lo grabamos. Lloré tanto! Me imaginaba la cantidad de historias que podía haber escrito ella conociendo a mis hijos, conociendo nuestra historia.
Y aquí estamos, y aquí seguimos. Terminando el año escolar, proyectando el próximo y viviendo, a full, el hoy.
Hoy, un año.
Hoy, de pie.